OPINIÓN|UX writing, el producto habla contigo

0
Share

En Olemaníacos nos gusta también conocer la opinión de expertos de nuestro sector y que nos ayudan a evolucionar. Ya sabes, «evolucionamos para que evoluciones». En esta oportunidad contamos con la opinión de Miguel Montañés. CopywriterUX writer y creador de contenidos freelance y está detrás de Redonda. Nos cuenta, desde un punto de vista narrativo, su visión sobre el UX writing y de cómo los productos consiguen conectar con el usuario a través de las palabras.

Esperamos que lo disfrutes y aprendas tanto como nosotros…

No recuerdo cuándo oí el término ‘UX writing’ por primera vez, pero fue hace unos pocos años, eso seguro. En buena parte porque hasta entonces no existía como disciplina. Al menos nadie le había puesto un nombre aún. Y lo que no se nombra, no existe.

Mientras eso ocurría, me limitaba a interpretar los mensajes de error de las interfaces como podía, a intentar darme de baja durante meses de newsletters a las que no me había suscrito y a pasar por alto incoherencias gramaticales porque parecía que aquello no tenía ninguna importancia. «Será cosa mía», pensaba. Seré yo, que no lo entiendo. Que no sé.

Don Norman había sentido lo mismo durante demasiado tiempo. Interactuando con cafeteras, puertas, teléfonos y otros elementos cotidianos que no se lo ponían fácil. Así que escribió un libro buscando soluciones. The Psychology of Everyday Things. El diseño basado en la experiencia de usuario acababa de nacer con él. Alguien le había puesto un nombre. Era cuestión de tiempo que aquello llegara también a los contenidos, al copy. Tardó, pero terminó llegando.

Hasta que el diseño de contenidos se convirtió en una necesidad evidente, no había nadie encargado de esto. Desarrolladores, diseñadores gráficos y otros perfiles relacionados se las tenían que ver con unos textos que no sabían cómo crear y que en la mayoría de los casos odiaban escribir. Para unos usuarios que no sabían cómo descifrarlos y que en la mayoría de los casos odiaban leer.

Por suerte para las dos partes, algunas empresas tecnológicas como Google se dieron cuenta de esto y las cosas empezaron a cambiar. Hacían falta escritores. O, mejor dicho, especialistas en palabras que las pusieran al servicio del diseño.

Ni Don Norman ni yo éramos más incapaces que la mayoría de la gente. Estábamos perdidos. Confusos. Por eso nos llevamos una gran alegría (bueno, no puedo hablar por Don, aunque imagino que la compartirá) cuando referentes en esto del UX writing como Slack o Mailchimp comenzaron a hacer sus mensajes más claros. Más concisos. Más útiles. A facilitarnos la navegación. No se trata de utilizar copywriting tramposo para manipular. Se trata de simplificar el camino hacia el producto, de servir de guía.

Se trata también de encontrar una voz y un tono adecuados a ese producto para personalizarlo. Para que sea reconocible y suene como un ser humano. Es más agradable percibir que hay alguien real detrás. Alguien que se ha tomado la molestia de investigar cuáles son las motivaciones de la persona que está visitando la web o usando la aplicación. De dónde viene, qué piensa en ese punto del trayecto y hacia dónde va. Cómo se siente.

Si lo que haces merece la pena y soluciona alguna clase de inconveniente, si ayudas a la gente a llegar hasta ti siendo inclusivo y empático (también divertido cuando toque, por qué no), será mucho más fácil que todo el mundo quiera conocerte.

Post relacionados
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *