Service design: la evolución del sector fitness

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Hoy venimos a hablaros del service design aplicado a un lugar que se visita mucho antes y después del verano. Ya plantados en el mes de septiembre toca volver a la rutina. Y en el ranking de propósitos para los últimos meses del año, ocupando las primeras posiciones está la “vuelta al gimnasio”, “la operación post verano” o “mañana me apunto al gym”.

Os resulta familiar ¿no? Damos por hecho que sí. Sin embargo, hoy no hablaremos de los kilitos de más o de las prisas que nos entran pasado el descanso estival. Hoy os contaremos de cómo influyen los gimnasios o mejor dicho, su modelo de negocio en nuestra decisión y decir: oye, pues me apunto.

El service design o lo que es lo mismo, diseño de servicios es una disciplina enfocada en todo el recorrido que puede llegar a realizar un usuario, desde que empieza a interactuar con un producto o servicio y lo consume, hasta la finalización. 

¿Cómo funciona el service design? 

En principio gracias a tres elementos fundamentales: personas, maquinarias y proceso. El primero hace referencia a cualquier persona que haga uso o cree el servicio, así como también a las personas que se ven afectadas indirectamente. Maquinarias, a todo lo que se aplique para llevar a cabo el servicio, ya sean objetos físicos o digitales. Y el último, el proceso, que son los pasos a seguir o metodología aplicada por los trabajadores o usuarios para interactuar con el servicio. 

¿Los gimnasios aplican el Service Design? 

La respuesta es sí. Para nadie es un secreto que el sector del fitness en España está en constante cambio, adaptándose no solo a las innovaciones en materia de salud y ciencia, si no también a las tecnológicas y digitales. Partiendo de esta premisa, hemos hecho un mini estudio de campo probando diferentes opciones y comprobando en nuestras propias carnes si se tiene en cuenta tanto la experiencia del empleado como la del usuario.

El resultado

Día 1 – Brooklyn

Nuestra primera opción sigue la tendencia de “gimnasio boutique”, un espacio más personalizado, incluso más pequeño pero donde predomina el trato personalizado. 

Nuestras compis Patricia y Génesis fueron las encargadas de vivir la experiencia.

“Todo comenzó con una simple publicidad en Instagram y un: “¿nos apuntamos?”, para luego descargarnos la app, escoger el día e ir al lugar. Al llegar nos mostraron las instalaciones y nos contaron de qué iba el entrenamiento. Una vez cambiadas y con ganas de empezar, nos colocamos de frente a los sacos y comenzó la clase. El instructor estuvo en todo momento pendiente de cada movimiento, siempre en pro de que nos sintiéramos motivadas durante toda la sesión. La tecnología estuvo presente, a través de unos sensores que tenían los sacos para poder medir y mostrarnos en una pantalla la intensidad y aciertos en cada movimiento.

Todo esto acompañado de un playlist muy activa, que lo menos que te inspiraba era tristeza. Pues bien, pasaron los 45 minutos y llegó el momento de ducharse, los baños ambientados, y al no ser clases con tanta gente, no había razón para esperar, ¡otro punto a favor!

Salimos y lo primero que nos topamos es con parte del equipo para preguntarte, qué nos pareció, cómo nos sentimos, y animándonos a seguir probando. Eso sí, nunca desde el agobio si no desde el: “tú decides”.

Salimos del lugar, y ¡boom! un email.

¿Qué nos pareció? Pues, un concepto distinto, desde luego.

Día 2 – Tribe

Seguimos en la línea del deporte personalizado y llegamos al Tribe, unas instalaciones llamativas con muy buena ubicación y con trabajadores que desbordan amabilidad por todos los rincones del espacio. Conocer las instalaciones fue amor a primera vista, el área de duchas contaba con una luz cálida, y con todos los “juguetitos” que necesitas para salir por la puerta como un pincel: toallas, jabones, secador, plancha, cremas, etc. 

El instructor con mucha energía, da la clase y  te explica que la cinta que nos dieron a la entrada es un pulsómetro y que podremos ver nuestra intensidad en vivo y en directo.

¡Que comience el juego! 45 minutos de intensidad, con mucha música y con una persona guiándote en cada ejercicio. Terminamos y al salir, te encuentras con un batido con tu nombre y con la sonrisa de la empleada diciendo: esto es para ti.

¿Conclusión? “ya no basta con tener un lugar lleno de máquinas”. 

Día 3 – Ritual gym

Nos llama la atención la promesa hecha: “entrenas 30 minutos y no tienes que traer ropa de deporte”. Y sí compañeros, cuando decimos nada, es nada. Entrais y os ofrecen un pantalón y una camiseta deportivos de vuestra talla, además de una toalla, y para realizar los ejercicios no hacen falta zapatillas.. No es que sea un

Patri y Génesis dándolo todo

entrenamiento fácil, pero tampoco es imposible. Os hacen una ficha en la tablet y a partir de ese momento el instructor como por arte de magia se aprende y se queda con vuestro nombre. Además podéis puntuar del 1-10 de cómo os sentís ese día y si ya la clase es personalizada se ocupan de hacerlo aún más adaptándose a vuestro estado de ánimo.

¿Percepción? personalización a su máxima expresión. Y a pesar de tener una filosofía de entrenamiento rápido, sales con la sensación de haberlo dado todo y con ganas de más.

Como podéis comprobar todos tienen algo en común y es que venden una experiencia completa, se preocupan por el antes, durante y después del servicio. Por lo que nos da a pensar que de cara al presente y futuro la única alternativa que tendrán los centros deportivos es la de mejorar los procesos de gestión y dirección para atraer más clientes, y lo más importante: captarlos y fidelizarlos.

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