¿Y si realmente vivimos en Matrix?

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Bienvenidos a la teoría de la simulación (y puede ser muy real).

Desde hace algún tiempo, filósofos de prestigio, físicos reputados y tecnólogos millonarios como Elon Musk consideran la posibilidad de que nosotros y nuestro mundo pudiéramos no ser reales, si no sólo parte de una especie de videojuego, una simulación enormemente sofisticada: el Second Life del futuro.

Ya hace algunos años, Keanu Reeves nos introdujo en el mundo Matrix, donde unas máquinas inteligentes mantenían a los humanos inmersos en una simulación de la realidad. 

Un equipo de físicos de la Universidad de Oxford demostró hace unos años, que eso es materialmente imposible. La vida y la realidad, afirman, no pueden consistir en una serie de simulaciones generadas por un superordenador extraterrestre. Para estos científicos el problema viene a partir del descubrimiento de un nuevo enlace entre las anomalías gravitatorias y la complejidad computacional.

Escena de Matrix

En su artículo, los físicos demuestran que construir una simulación informática de un fenómeno cuántico muy concreto, que tiene lugar en el interior de los metales, resulta imposible, no solo en la práctica, si no también en el plano teórico. Lo cual hace absolutamente imposible extrapolar la simulación a sistemas más complejos. Y mucho menos al Universo en su totalidad.

Esto podría ser verdad… o no

Ya que otro miembro de la Universidad de Oxford, el filósofo sueco Nick Bostrom publicó un trabajo llamado “Are you living in a computer simulation?”, en el que exponía que al menos una de las siguientes proposiciones es cierta: o bien los humanos nos extinguiremos antes de llegar a una etapa “posthumana”, o bien la civilización posthumana no estará interesada en construir simulaciones de sus ancestros, o bien vivimos en una simulación por ordenador.

Para Bostrom, la evolución de la humanidad llevará a un estado posthumano en el que nuestros descendientes dispondrán de un inmenso poder tecnológico, suficiente para elaborar complejas simulaciones de sus ancestros en las que todo parezca real, incluso la consciencia de los personajes. Los posthumanos tendrán tan fácil acceso a esas simulaciones que podrán construir todas las que deseen, superando ampliamente el número de ancestros reales. Por tanto, y dado que la probabilidad de cualquiera de nosotros de ser un personaje simulado es mucho mayor que la de ser un ancestro real, se concluye que casi con seguridad vivimos en una simulación.

¿Cómo podemos llegar a saber la verdad? 

En Matrix existían fallos como el déjà vu que dejaban entrever la auténtica naturaleza de la simulación. Curiosamente, la idea se ha convertido casi en un meme popular en sitios como Reddit, donde los usuarios cuentan hechos inexplicables que les han sucedido y que interpretan como fallos en Matrix: una segunda vida vivida en un sueño, o una caja que cambia de contenido la segunda vez que se abre en unos segundos.

Sin embargo, Bostrom no secunda el argumento de los fallos: seamos reales o no, siempre escucharemos tales historias, que probablemente se deban a los vericuetos de la mente humana incluso dentro de una simulación. Los posthumanos, argumenta Bostrom, “tendrían también la capacidad de impedir a estas criaturas simuladas que advirtieran anomalías en la simulación”. El filósofo plantea un argumento inquietante: “incluso nuestros humildes cerebros, sin ayuda de tecnología, suelen impedir que nos demos cuenta de que estamos soñando por las noches, aunque los sueños estén llenos de las anomalías más fantásticas”.

El argumento lógico lleva a la imposibilidad de demostrar que somos reales, ya que “cualquier prueba que obtuviéramos podría ser simulada”. Por lo tanto, si no somos una simulación, nunca lo sabremos con certeza.

Pero lo contrario sí sería posible: demostrar que estamos en una simulación: “por ejemplo, los simuladores podrían hacer surgir una ventana delante de ti con el texto ESTÁS VIVIENDO EN UNA SIMULACIÓN POR ORDENADOR. HAZ CLICK AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN”. Pero a falta de esta ayuda, algunos físicos piensan que la detección de ciertas anomalías poco naturales, como una asimetría en los rayos cósmicos, podría revelarnos que el universo es un montaje. La idea es que si la potencia computacional de los posthumanos es limitada, su simulación estaría obligada a ciertas simplificaciones que romperían el espacio-tiempo continuo en puntos discretos.

También podríamos llegar a hackear el código fuente. Algunos científicos y filósofos llevan años discutiendo sobre el llamado “ajuste fino del universo”, cómo ciertas constantes físicas fundamentales parecen tener los valores apropiados para que exista el cosmos y nosotros con él.

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